Tratamientos para corregir la papada

Para tratar la papada y corregirla, se puede optar por varias alternativas que van desde intervenciones quirúrgicas, hasta métodos no invasivos. La primera opción siempre es la dieta, aunque puede no resultar del todo eficaz, ya que el cuerpo etiqueta este cúmulo de grasa como una provisión de energía y usará otras grasas distribuidas por el cuerpo antes que la de nuestra barbilla. Es necesaria si la aparición de la papada se debe al sobrepeso u obesidad.

Tratamientos para corregir la papada

Existen numerosos tratamientos para acabar con la papada de manera eficaz en función de cuál sea la causa de su aparición.

Tratamientos con cirugía para eliminar la papada

Pasar por el quirófano es la manera más rápida para eliminar la papada aunque como toda intervención conlleva riesgos. Una de las opciones más demandada para esta afección estética es la liposucción de cuello, con la que se retira el exceso de grasas de la papada mediante una pequeña incisión por la que se introduce una cánula, que aspira el tejido adiposo y apenas deja cicatrices.

Si el problema es el exceso de piel o que tras la retirada de grasa sobra tejido flácido, también existen intervenciones en las que se acorta, como el lifting de cuello. Los especialistas realizan unos pequeños cortes en la zona inferior de detrás de las orejas, desde donde tersan la piel, cortan el tejido sobrante y cosen.

Tratamiento sin cirugía para disimular la papada

Si no quieres pasar por el quirófano existen otras alternativas como la radiofrecuencia que primero reduce la grasa localizada y después contrae la piel sobrante mediante el calentamiento del colágeno subcutáneo.

También está la mesoterapia virtual que no es invasiva y consiste en aplicar la electroporación para mejorar la elasticidad e hidratación de la piel.

Están además los hilos tensores que son eficaces para acabar con la papada cuando hay un descolgamiento de piel o una falta de colágeno que apaga la piel.

El lipoláser es parecido al láser diodo de depilación láser, pero con otra longitud de onda y potencia, es una luz que penetra la piel y actúa de manera selectiva en los cúmulos de grasa, disolviéndola y haciendo que sea expulsada por el sudor, la orina o las heces. Además de acabar con los tejidos adiposos, el lipoláser, mejora el estado de la piel, haciendo que esta se tense.

Aunque de una manera mucho más lenta que las anteriores, también existen los masajes reductores que ayudan a disolver la grasa de la papada y el tratamiento con ácido desoxicólico que  consiste en la inyección en las capas superficiales de la piel de ácido desoxicólico a una concentración del 2%, un ácido biliar que se produce de manera natural en el hígado y que ayuda a descomponer la grasa para que sea expulsada de manera más eficaz.

Para terminar, cuando el problema es muscular, el tratamiento con ultrasonidos de alta intensidad llamado Hifu puede ser muy eficaz. Estos ultrasonidos provocan microrroturas en el músculo de la mandíbula, lo que hace que el organismo lo recomponga, mejorándolo y tensándolo.

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